viernes, 11 de noviembre de 2011

Destino Final

Por

Armando Cardona


Caminaba entre una gran multitud, había tanta gente. El calor me agobiaba, sentía desmayar, mi corazón palpitaba como si estuviera en el final de la vida. Paseaba y buscaba la respuesta a lo que todos los de mi edad nos preguntamos. ¿Hacia dónde me dirijo? ¿Cuál es mi futuro? ¿Cuán cierto es lo que dicen mis padres, mis amigos, mis maestros? Hasta ahora dediqué importancia a las cosas más simples de la vida. Pero, ¿cómo no disfrutarlas? A mi alrededor se encontraban hombres botando fuego por la boca, enanos corriendo, hombres tragando espadas, payasos haciendo morisquetas que no hacían reír a nadie. Que ambiente más pesado, aún me sofocaba el calor, la bruma se mezclaba con la neblina, y ya comenzaba a obscurecer.

            Daba vueltas, perdido en la multitud. De pronto logré ver una carpa que leía adivina, le leemos el futuro por poco dinero. Al entrar había una señora con una cara repugnante y botaba humo espeso que me quemaba los ojos.

-Señora, ¿Puede apagar su cigarro mientras me dice mi futuro?- le pregunté.

-Sí hijo pasa y siéntate.

Le expliqué la confusión que tenia en mi mente, como pasaba mi vida. Cuestioné cual es mi propósito en la vida, el futuro y que ocurriría conmigo y con mi familia. La vieja adivina comenzó a reír con un tono de burla.

-Jajajaja, si supiera las respuestas a todas tus preguntas, si te dijera tu verdadero futuro, ¿qué me darías a cambio? Dime. ¿Tus riquezas, tu familia, tu salud? Mírame a mí donde estoy leyendo cartas, tratando de adivinar el futuro a gente tan ignorante como tú. Si buscas la verdad, el propósito y que pasará en tu futuro, preocúpate por ser excelente en el presente, porque de aquí dependerá lo que en el futuro seas, hagas o dejes de hacer. Sigue tu corazón, busca en tu mundo lo que te apasiona, selecciona la carrera que no te canse, que te llene de inquietudes y recuerda que vas a tener que… Agua, agua me muero que dolor auxilio, ayúdame...

-Dígame no se me muera, voy a tener ¿qué, qué? ¡Auxilio, llamen al 911!

 Salí corriendo a buscar ayuda. Qué multitud. En el piso yacía la vieja adivina inerte, sin suspiro alguno. Pero lo que más me agobiaba, la maldita vieja no terminó de decirme la respuesta. Y ahora, ¿que haría? Mi vida a lo mejor dependía de eso.

            Jamás supe acerca la vieja adivina, el circo terminó su jornada y al regresar al otro día, ya no estaban las carpas. Había un silencio de paz, la fresca brisa me acariciaba, el calor, la multitud, se había ido. Continúe caminando y logré ver una hermosa mujer recogiendo aún lo que quedaba en la carpa de la vieja adivina.

-Buenos días- le dije. La miré y sus ojos estaban llenos de lágrimas.

-¿Quién es usted?

-Soy la hija de la adivina.

-¿Cómo está ella?

-Murió anoche, llegó a un hospital cercano. Lo único que decía era El joven… la respuesta del joven es...

-¿Qué dijo?- le respondí.

-No sé, murió- contestó.

Maldita vieja adivina, maldita hija. Que cará, seguiré haciéndo lo que sé hacer, nada, hasta que Dios quiera.

            Al mirar atrás veía a la pobre señora tirada en el piso, yo tan egoísta, pensé en lo que no me pudo decir. Lloré, mire a la joven y le dije:

-Me sentí inútil, frustrado al verla caer al piso, inmóvil, lo siento, no pude hacer nada. Por favor perdóname, no sé que hubiera hecho.

 La joven me tocó la cara y me dijo:

-Viniste a buscar respuestas a tu futuro donde una vieja pobre, ignorante, que sobrevivió siempre con lo único que podía hacer, engañar a la gente. Gente ignorante que teniendo todo en sus manos buscaban la respuesta inexistente a sus inquietudes, gente que no seguían su propio corazón, que no sentían pasión por nada en la vida. Sí, de eso vivimos y solo así, mi mamá me pudo mantener y pagar mis estudios. Tú en cambio lo tienes todo, pero la ignorancia te ciega, el egoísmo te impide ver mas allá de lo que dicta tu corazón. La respuesta está en tus manos, no te la tiene que decir tu familia, la vieja adivina, ni nadie a tu alrededor. Búscala y vive apasionado por eso que tanto te inquieta.

             En fin, di vuelta y me marché hacia un destino indeterminado, pero ya no había ansiedad ni inquietud en lo que sería de mi vida, ya iba decidido a lo que haría, a mi razón de ser, de existir.


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